Las «grooming gangs» británicas y el islam

Ocho resortes teológico-jurídicos presentados como condiciones que favorecen la explotación sexual de muchachas no musulmanas. Nota de lectura del informe «UK grooming gangs and Islam», por el Dr Mark Durie, Christian Concern, 2025.

Briefing CERIF: Nota de lectura

Documento examinado: UK grooming gangs and Islam - consultable en la Biblioteca del frérisme

Autor: Dr Mark Durie - Arthur Jeffery Centre for the Study of Islam (Melbourne School of Theology)

Editor: Christian Concern, Londres - 2025, ensayo analítico, ~32 p.

Elaborado con asistencia de IA, bajo la dirección científica y la validación de: Florence Bergeaud-Blackler (CNRS / CERIF), junio de 2026

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Puntos clave

Correlación religiosa más que étnica 8 resortes teológico-jurídicos «street Islam» 11 recomendaciones
  • Informe de incidencia (Christian Concern, organización evangélica británica) firmado por Mark Durie, teólogo y pastor anglicano, que sostiene que el islam constituye un factor de influencia -no el único- del fenómeno de las grooming gangs.
  • Tesis principal: la correlación religiosa (nombres musulmanes en la mayoría de las condenas registradas) sería más fuerte que la correlación étnica, enmascarada por la etiqueta «Asian».
  • El autor identifica ocho aspectos de la teología y el derecho islámicos capaces de crear condiciones propicias, reconociendo a la vez que el «street Islam» de las bandas no se ajusta a la sharía.
  • Once recomendaciones, entre ellas el registro de las identidades religiosas, el rechazo de una definición oficial de la «islamofobia» y la prohibición de los matrimonios religiosos no registrados.

1. Presentación del documento y del editor

  • Autor. Mark Durie - lingüista, teólogo y pastor anglicano; Senior Research Fellow del Arthur Jeffery Centre for the Study of Islam (Melbourne School of Theology). Autor de The Third Choice y Liberty to the Captives.
  • Editor. Christian Concern (nombre comercial de CCFON Ltd), organización cristiana evangélica de incidencia jurídica y política, Londres.
  • Naturaleza. Ensayo analítico de ciencias de las religiones, ~32 páginas (2025), acompañado de un resumen ejecutivo difundible.
  • Objeto. Examinar la hipótesis de una contribución de la teología y el derecho islámicos al fenómeno británico de las grooming gangs (redes organizadas de explotación sexual de menores).
  • Contexto. Publicado tras la Casey Review (2025) y el bloqueo de la investigación nacional anunciada en 2025, en un clima de polémica reavivada en enero de 2025 (E. Musk c. K. Starmer).

2. Metodología

  • Enfoque. Razonamiento «prima facie» a partir de fuentes secundarias; ninguna investigación empírica original.
  • Fuentes institucionales. Casey Review (2025), Jay report (2014), estadísticas del Home Office, Forced Marriage Unit, datos del censo de 2021.
  • Testimonios. Supervivientes de Rotherham («Ella Hill», seudónimo), casos «Sarah» y «Anna» (Christian Legal Centre).
  • Corpus periodístico. Andrew Norfolk (The Times), Charlie Peters (GB News), Peter McLoughlin (Easy Meat).
  • Fuentes doctrinales. Corán, hadith, manual de fiqh shafií Reliance of the Traveller, fatuas, autoridades contemporáneas (al-Fawzān, Academia internacional del fiqh).
  • Herramientas conceptuales. Distinción islam / «Islamicate» (M. Hodgson); «street Islam» (Norfolk, Hargey); tesis del «analfabetismo religioso» de las sociedades secularizadas.
  • Límite asumido. El autor reconoce explícitamente la ausencia de datos sistemáticos sobre la pertenencia religiosa tanto de los autores como de las víctimas.

3. Tesis central

Durie parte de una constatación: cuando se habla de las grooming gangs, casi siempre se menciona el origen étnico de los autores -se los llama «Asian» o «Pakistani»- pero prácticamente nunca se habla de su religión. Considera, por el contrario, que la pertenencia al islam da mejor cuenta de estos crímenes que el origen étnico, y escribe que la religión mantiene con ellos «una correlación más fuerte que la etnia». El autor acota, no obstante, su planteamiento en dos puntos. Recuerda primero que el islam no ordena en absoluto estas violaciones, puesto que la sharía las condena: son del orden del zinā, la fornicación, castigada con cien latigazos o la lapidación. Subraya después que los mecanismos que describe no son propios del islam. Su tesis se formula, pues, así: no sostiene que la religión ordene el crimen, sino que ocho elementos de la doctrina y el derecho musulmanes constituirían un terreno favorable, que las bandas retoman luego en una forma degradada -lo que el periodista Andrew Norfolk llamó un «street Islam».

4. Arquitectura argumental

Lo religioso apartado del debate → indicios convergentes (nombres, testimonios, comparaciones extranjeras) → ocho resortes doctrinales → relevo por el «street Islam» → once recomendaciones

A. La variable religiosa más que étnica

Lo que queda demostrado. Para Durie, la religión describe mejor a los autores que el origen étnico, y la etiqueta «Asian» es engañosa: los hindúes, sijes y cristianos asiáticos no figuran entre los autores, sino solo entre las víctimas.

Los datos. Sobre las condenas registradas de 1997 a 2018, Peter McLoughlin halla un 87 % de nombres musulmanes. En la Casey Review (2025), la palabra «ethnicity» aparece 222 veces, «religion» 5 veces, «Islam» una sola vez. Cuando Keir Starmer habla de «Asian grooming gangs», el Hindu Council protesta contra ese «whitewash». Trevor Phillips, expresidente de la Comisión para la Igualdad Racial, zanja: «lo que los autores tienen en común es su fe declarada».

Análisis. Para comprender el razonamiento del autor, hay que seguirlo en dos tiempos. Propone primero mirar la religión de los autores más que su origen. Su argumento es el siguiente: en el Reino Unido viven también muchos indios hindúes, sijes y asiáticos del Este, y no se los encuentra entre los culpables. Lo que los autores tienen en común no es, pues, ser «asiáticos», sino ser musulmanes. Para apoyar esta constatación, recuerda que la mayoría de los condenados llevan un nombre musulmán y que el informe oficial (Casey) habla de etnia 222 veces, pero de religión solo 5 veces. Queda una pregunta sencilla: un apellido indica de dónde viene una persona, no si es creyente ni por qué actuó. Para saber si es realmente la religión lo que actúa -y no, por ejemplo, una red familiar o el atractivo del dinero-, harían falta cifras que hoy nadie recopila. Por eso el informe termina reclamando esas cifras.

B. El marcador religioso en los testimonios

Lo que queda demostrado. Algunos autores justificaron sus violaciones con argumentos religiosos, despreciando a los «kuffar» (los no musulmanes) y considerando a las chicas blancas como «lícitas».

Los datos. El informe se apoya en la superviviente de Rotherham «Ella Hill» (seudónimo), que testificó ante la investigación Jay en 2022. Ella resume la lógica de sus agresores: «White girls are seen as easy meat» -las chicas blancas son vistas como «carne fácil», mientras que las chicas musulmanas están «estrictamente controladas». En el caso «Sarah», el agresor le presenta un certificado de matrimonio de la mezquita, la «divorcia» repitiendo tres veces la fórmula y luego la casa a la fuerza con otro hombre en una ceremonia celebrada por un imán.

Análisis. Aquí el autor se apoya en las palabras de las propias víctimas. Una superviviente de Rotherham, a la que llama «Ella Hill», relató a la investigación oficial que sus agresores trataban a las chicas blancas de «carne fácil» y consideraban a las chicas musulmanas como «protegidas». Dicho de otro modo, se servían de la religión para justificar lo que hacían. Esto muestra que el crimen no dependía solo de la ocasión: iba acompañado de un discurso religioso. Y como víctimas de ciudades distintas relatan cosas muy parecidas, no se trata de un caso aislado. Estos testimonios prueban que ese discurso existe y que reaparece; no dicen, en cambio, con qué frecuencia aparece en todas partes, al no haber sido contabilizado.

C. Los ocho resortes teológico-jurídicos

Lo que queda demostrado. Ocho doctrinas formarían en conjunto un «marco de plausibilidad moral» favorable al abuso: la superioridad del musulmán, la lealtad y la renuncia (al-walāʼ wa-l-barāʼ, «amar y odiar por Dios»), la dominación de los hombres sobre las mujeres, la reclusión de las mujeres, el matrimonio forzado sin edad mínima, el miedo a la sexualidad femenina (fitna), la esclavitud de guerra y la dhimmitud.

Los datos. Durie cita el Corán (3:110, 4:34), hadices y un manual de derecho shafií, el Reliance of the Traveller. Recuerda, por ejemplo, que la palabra árabe nikāḥ designa a la vez el «matrimonio» y la «relación sexual», y que el fiqh clásico no fija ninguna edad mínima para el matrimonio. El imán Taj Hargey, en Oxford, habla de un «populismo teológico» alimentado por predicadores fundamentalistas, mientras que Norfolk evoca un «street Islam deformado».

Análisis. El autor es teólogo: lee los textos religiosos (el Corán, los hadices, los manuales de derecho musulmán) y se pregunta qué hacen posible. Su idea es que estos textos no ordenan a nadie violar, pero que crean un clima en el que ello puede parecer permitido. Distingue con cuidado tres cosas: la religión tal como está escrita, la cultura que ha modelado y el «street Islam» deformado de las bandas. Enumera ocho ideas -por ejemplo la superioridad del musulmán, la dominación de los hombres sobre las mujeres o la ausencia de edad mínima para el matrimonio- y explica que es su conjunto, sumadas unas a otras, lo que formaría ese clima favorable. Precisa por último lo que su demostración hace y lo que no hace: muestra lo que los textos hacen posible, pero deja a futuras investigaciones la tarea de verificar si, y en qué medida, eso actúa realmente sobre las personas.

D. La generalización transnacional

Lo que queda demostrado. Según el autor, el mismo esquema -el ataque dirigido a chicas no musulmanas- se reencontraría más allá del Reino Unido, tanto en los países de inmigración como en los países de mayoría musulmana.

Los datos. En Pakistán, la BBC (2021) estima en alrededor de 1 000 al año las chicas cristianas, hindúes o sijes secuestradas, convertidas a la fuerza y casadas; la ONU se alarmó por ello en 2024. En Egipto, informes coptos describen el secuestro de jóvenes cristianas, a veces con la cruz tatuada en su muñeca quemada con ácido. En los Países Bajos, el fenómeno de los «lover boys»; en Australia (2002), una banda condenada por violaciones colectivas.

Análisis. El autor muestra que lo mismo se produce en otros lugares: en Pakistán y en Egipto, jóvenes cristianas, hindúes o sijes son secuestradas, convertidas a la fuerza y casadas; en Irak, las yazidíes fueron capturadas por el Estado Islámico. Para él, lo que vincula estos casos no es el azar, sino la ley religiosa, y lo explica como teólogo. Invoca la idea de que los no musulmanes son tolerados pero inferiores (la dhimma), la regla según la cual un no musulmán no puede ser el tutor de un musulmán, la que quiere que la conversión de una mujer anule su matrimonio, y las leyes de la guerra que autorizan a tomar cautivas. A sus ojos, es por tanto el mismo marco religioso el que reaparece de un país a otro. Estas situaciones siguen siendo, sin embargo, muy diferentes -una guerra, un país musulmán, la inmigración-, y lo que las aproxima es la regla religiosa, no el contexto. El propio autor añade que faltan datos fiables para hacer de ello una explicación única.

5. Conclusiones del autor

  • Para Durie, el islam estaría «implicado» en el fenómeno sin constituir su única causa; considera que sigue siendo necesaria una investigación más profunda, pero que la acción no puede esperar sus resultados.
  • Las sociedades secularizadas habrían perdido la capacidad de percibir la influencia de las religiones sobre las culturas, «para bien y para mal», y deberían por tanto reaprender a hablar de ello.
  • Durie dedica una sección a las «evasivas». Ejemplo: en 2018, un ministro responde a la Cámara de los Lores que «no hay nada en el Corán que aliente» estos actos, y cita el hadith «el paraíso está bajo los pies de la madre». Durie objeta que este hadith procede del «Libro del yihad» y solo autoriza a un hombre a permanecer junto a su madre en lugar de ir a combatir: no dice nada sobre las mujeres en general.
  • Once recomendaciones. Las principales: registrar y publicar la religión de los autores y de las víctimas; formar a la policía sobre los móviles religiosos; no adoptar ninguna definición oficial de la «islamofobia»; prohibir los matrimonios religiosos no registrados; reconocer a los musulmanes que rechazan esta «cultura»; pedir a la Forced Marriage Unit que retire de su sitio la afirmación según la cual el matrimonio forzado carece de fundamento religioso, y que vuelva a recopilar datos sobre la religión de los autores y de las víctimas.
  • Pregunta final: ¿será la crisis un hito de la «islamización» del Reino Unido, o un sobresalto que devuelva al país a sus raíces?

Florence Bergeaud-Blackler
Antropóloga, investigadora titular del CNRS (HDR)
Presidenta fundadora del CERIF - Centro Europeo de Investigación e Información sobre el Hermanismo
cerif.eu